sábado, 23 de marzo de 2013

Vida —Parte 2—


Después de haberme pasado todo el día remando y contemplado el supuestamente precioso atardecer que no pude apreciar, el hambre y la sed— especialmente la sed— eran síntomas fácilmente perceptibles, así que retiré los brazos de la superficie marina y me eché a descansar.

No tenía otra posibilidad.

El silencio de la noche estaba siendo continuamente interrumpido por el sonido de mi estómago y la frustación por ello empezaba a despuntar en mi pecho.

—Es como el perro del hortelano, ni come ni deja comer— pensé en voz alta.

Y era cierto. No podía comer pero, además, tampoco disfrutaba de la quietud nocturna.

Las circunstancias no eran muy favorables.

Sin embargo, poco más tarde, el sueño venció y perdí la noción del tiempo.

Fue un sueño intranquilo, convulsionado, y me desperté con una sensación de mareo que me impedía razonar de manera fluida.

No había amanecido pero, mirando hacia el este, ya aclaraba con los primeros rayos del astro rey.

Reconfortaba la visión de la luz.

domingo, 17 de marzo de 2013

Episodio final.


Entre tinta,
gritaba.
Era la única
que escuchaba.

¿No te has cansado
de esperarme?
¿No te has hartado
de ausentarme?

Dejé de jurarme
el seguir,
cuando vi
lo veloz que fui
para alejarme.


sábado, 16 de marzo de 2013

Letras y besos de sangre.

Había desaprendido a distinguir el sueño
de la vigilia.
Había desaprendido a distinguir la mentira
de la sinceridad.
Había desaprendido a distingui el amor
del odio.
Y decició que, al final, solo es reallo imaginado, porque el resto está poblado de mentiras.