miércoles, 15 de mayo de 2013

Cruel y despiadadamente.


Érase un corazón roto
en mil pedazos color rojo.

Llevaban mucho tiempo, meses,
protegiéndolo de las reses.
Las pretesamente humanas
hacían heridas insanas.

Érase un corazón roto
en mil pedazos color rojo.

Destrozos irrecuperables,
daños demasiado palpables.
Muchos médicos se rindieron,
cientos de fracasos sufrieron.

Érase un corazón roto
en mil pedazos color rojo.

Ya débil era su sonido,
tarde el final fue percibido.
Nimio funeral de ceniza,
ligera tumba tinte tiza.

Fue un viejo corazón roto
en mis pedazos color rojo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

¡1000 visitas!

Y aquí estamos.

Cuando empecé a escribir, acababa de aprender a usar un lapiz para crear palabras, frases. Mi primer relato data del 2002 y trataba, ¿cómo no?, de dos princesas hermanas a la que una le tocaba el final feliz (la trabajadora, la feúcha) y a la otra, se quedaba más sola que la una (que casualmente es la perfecta). Creo que queda más que claro la visión que tenía de mí misma ya a esa edad.

Pongámonos en el diez de julio del año pasado. Gracias a la insistencia de una amiga, decidí abrir una bitácora y mostrar al "público" lo que, hasta entonces, era una actividad oculta, casi calificada de delictiva. La primera entrada fue esta.

No ha pasado ni un año desde entonces. Recibió unas cuatro visitas en su día. Contadas. Ahora, a principios de mayo del dos mil trece, cuando dejo el enlace, media hora más tarde, tiene entre diez y treinta visitas. Algo que me parecía imposible y me sigue pareciendo increíble.

Solo quiero deciros una cosa. Gracias. En serio. Esto me ha animado a seguri muchas veces, a que, en los malos momentos, sea capaz de ver que algo hago bien.

Vida -parte 6-

Las puertas se abrieron lentamente. Pese a que creía que dentro habría bullicio, el silencio del interior era más pueblerino que cosmopolita. La quietud sugería una atemporalidad artificial.

¿Avanzaba el tiempo en este lugar? ¿Los relojes se movían?

Un carraspeo me devolvió otra vez a la realidad. Al lado del picaporte había una figura humanoide. Sin embargo, tenía algo en su aspecto muy llamativo. Quizás era la desproporción entre sus piernas y el torso.

Quizás era algo en su expresión.

Me miró durante un instante que me pareció eterno. Fue como su hubiera examinado mi ser y, a partir de eso, hubiera tomado su decisión.
Con un gesto, me indicó que le siguiera.
"¿Era seguro?" me pregunté.

Me lancé al vacío, otra vez.

A medida que avanzábamos por entre las calles, veía una serie de miradas furtivas desde varias casas.
Por alguna razón, me temían.
Una atrevida niña (o incrédula) atravesó una callejuela por delante nuestra. Comprobé que la desproporción era típica en su fisonomía.

Llegamos a una pequeña edificación de solo una planta, con techo plano. Las paredes eran completamente blancas, encaladas.
Al entrar, todo el hambre, la sed, y el cansancio de los últimos días me golpeó de repente y caí, moribundo, al suelo.
El guardia me arrastró con ciertas dificultades hasta la única cama que había en la habitación, cerré los ojos y un pesado sueño se apoderó de mi mente.