Quisiera ser polvo,
y, como polvo, desvanecerme,
esparcirme y ser arrastrada
plácidamente.
Quizás, fuera mejor ser viento,
y, como viento, controlar
el vasto océano,
sin temer las tempestades.
O ser huracán,
y, como huracán, arrancar
de cuajo, edificios mal construidos,
y obligar a mejorar.
Quisiera poder limpiar
el mundo de daño,
sin olvidar que existió
para no repetir errores.
Párate a pensar un momento y fíjate en tu corazón. ¿Lo sientes lleno de cortes, que cicatrizaron y parece que te cuenten una historia? Entonces éste es tu lugar. Gracias por molestarte en leerme.
miércoles, 30 de abril de 2014
miércoles, 5 de febrero de 2014
[Número]
Te ofrecí mi nieve manchada
y la aceptaste
y la abrazaste
y la rodeaste con tu calidez
y la aceptaste
y la abrazaste
y la rodeaste con tu calidez
Creé, creaste, creamos
bellísimas esculturas de humo.
Apenas duraban visibles
pero su efecto subsistía largamente.
bellísimas esculturas de humo.
Apenas duraban visibles
pero su efecto subsistía largamente.
Odié las grandes mareas
y preferí disfrutar
las nimias, constantes,
las que atraviesan el tiempo (sin [des]aparecer).
y preferí disfrutar
las nimias, constantes,
las que atraviesan el tiempo (sin [des]aparecer).
Dos órbitas
que encajaron maravillosamente
y, sin chocarse,
vuelven a encontrarse a la noche.
que encajaron maravillosamente
y, sin chocarse,
vuelven a encontrarse a la noche.
Casualidades que inundan
de luz, ilusión,
y llenan de feliz harmonía
sin apenas esfuerzo.
de luz, ilusión,
y llenan de feliz harmonía
sin apenas esfuerzo.
« ...y te convertiste en poesía... »
viernes, 20 de diciembre de 2013
Era un día soleado cuando
salió. Empezó a caminar hacia su destino con optimismo, ímpetu, ganas. Muchas
ganas. Parecía que nada cambiaría eso.
El camino estaba bordeado por
los distintos espacios verdes presentes en la gran población. El aire era
limpio y refrescante, revitalizador. En los jardines crecían rosas, amapolas,
azahares, jazmines, claveles, margaritas, tulipanes, begonias… Era un desfile
de colores (y espinas).
Se oscureció el cielo y, al
levantar la vista, vio que se habían presentado nubarrones. Aun así, siguió
caminando y confió en que no lloviera.
Sus confianzas fueron vanas.
Al rato, empezó a lloviznar. No volvió a por una protección ya que no quería
perder el tiempo. La lluvia, pese a no ser fuerte, mojaba y su camiseta tenía
algunas zonas oscurecidas por el agua. Tampoco se paró.
Lo que era llovizna, se
convirtió en tempestad, y entonces se preocupó. Se planteó pedir un paraguas en
alguna de las casas y, de hecho, lo intentó. Cuando lo hizo, se topó con su
principal problema: era muda y nadie la comprendió.
Así que siguió caminando con
la esperanza de llegar antes de enfermar.
La esperanza tampoco la
acompañó puesto que, unos minutos más tarde, la tos la obligó a parar. No le
había dado importancia anteriormente y ahora, por lo visto, iba a pagar las
consecuencias.
Llegó finalmente a su
destino. Calada, enferma, tiritando de frío y con una tos que daba la sensación
de que le salía la vida a cada cof.
Al cabo de unos días, el
resfriado se tornó neumonía pero se la diagnosticaron demasiado tarde.
Murió de que nadie quiso (o supo) ayudarla. Pusieron
que no había pedido ayuda.
¡Infame mentira!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)